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Reflexiones
31/03/2017

Teresa Guasch, mujer – Hna. Mª Soledad Martín Martín


Teresa Guasch, al parecer, no era una mujer muy agraciada físicamente, así se la percibe por declaraciones de los testigos y por alguna foto hallada quizá cuando se presenta para sacar el título de maestra en Tarragona. Sin embargo, las niñas corren tras ella, ¿qué atractivo encontrarán que tanto las cautiva la Madre?, ¿Seguramente su semblante sereno y tierno?, se la percibe como una mujer de gran personalidad, audaz, serena, valiente, intrépida y tenaz.

Se la describe con cualidades naturales psíquicas y afectivas, heredadas o adquiridas que condicionan la conducta de su persona y la distinguen de las demás, mujer de carácter noble que revela una manera de ser madura, y de una poderosa voluntad y fidelidad a sus compromisos.

El carácter heredado de sus progenitores, deja entrever en su infancia algunos rasgos un tanto violentos, fuerte y con brotes de altanería; según su madre la describía: “tenía un carácter violento”. Sin embargo, realizó con ella una labor tenaz y perseverante, sostenida por una fuerte voluntad y una inteligencia clara, su objetivo es lograr que su hija alcance un buen dominio de sí misma.

Teresa Guasch era una mujer de una inteligencia despejada, hábil y audaz. La carrera de Magisterio a los 29 años lo deja bien claro, cuando la inmensa mayoría de las mujeres de su época no se dedicaban a tareas intelectuales, más bien a tareas femeninas y hogareñas.

Se la considera “dotada de cualidades de gobierno”, “reflexiva”, “intuitiva” y “amante del orden”. Se manifiesta con una voluntad muy recta pero tierna y suave al mismo tiempo. En las fundaciones del Instituto se muestra como una mujer tenaz y actúa con gran osadía en sus actos y las decisiones que le corresponde tomar. Es capaz de combinar energía y ternura, tenacidad y suavidad, responsabilidad y cercanía.

Ya en su edad madura (fallece a los 69 años), es una persona cargada de responsabilidades y atormentada con muchas tribulaciones, enferma y achacosa; además algunas personas de fuera y hasta del mismo Instituto (tenemos el caso de la Madre Eulalia Maurí), le hacen pasar malos ratos producto del egoísmo, la soberbia y la envidia, sin embargo, no hay nada que le enturbie la paz, ni los desdenes, ni la indiferencia, ni los rechazos, ni las críticas o artimañas de los que quieren entorpecer o trastornar el proyecto iniciado. Su voluntad demuestra entereza y grandeza de espíritu, mantiene una gran fortaleza y ecuanimidad, sabe callar y hacer silencio al estilo de Jesús y de María; y se abre a Dios para recibir en su corazón a aquellas personas que más la lastiman, llega a quererlas más y más con todo su corazón, sintiendo por ellas una gran misericordia y disculpando siempre su forma de actuar con sabiduría, fortaleza y buen ánimo. Nada la desanima ni se deja amedrentar ante el rechazo de los demás, es una persona mansa, abnegada y dispuesta al sacrificio; muy servicial, generosa y solidaria; sencilla, acogedora y misericordiosa; es emprendedora, dinámica y muy responsable, además sabe dedicar también tiempo al ocio cultivando el jardín de la casa con ilusión y algunas plantas medicinales, porque le gusta mucho hacer ‘preparados medicinales’ que luego regala a quien lo necesite, sean las religiosas que se enferman, las niñas, bienhechores o personas conocidas.

No obstante todo lo mencionado anteriormente, el rasgo que más destacó en la personalidad de Teresa Guasch fue la serenidad y la ecuanimidad, que la convierten en una persona pacífica porque vivía una ascesis permanente y la gracia de Dios la asistía en todo momento. Las religiosas que la conocieron dan testimonio de esta faceta en la vida de ella y dicen: “que estaba serena y nunca se la veía perturbaba, ni precipitada, ni agobiada, ni febrilmente atareada”. Una majestuosa serenidad envolvía toda su persona. “Nunca la vi enfadada aún en medio de sus tribulaciones” afirma Rosa Vendrell, y subraya Francisca Carrera: “Venciendo su natural vivo”, o sea que aquellas personas que la conocieron, saben de su temperamento y de la ascesis de esta gran mujer; descubriendo en ella una personalidad pacífica, afable y ecuánime en el trato con aquellos que la rodeaban.

Agregan algunas testigos: “La madre Teresa Guasch poseía una sonrisa atrayente y bondadosa, tenía un trato cariñoso con todos los que acudían a ella. Por todos los poros derramaba bondad. Era atractiva, con un encanto espiritual notable; de finos modales…, y sin perder nunca su sencillez, tenía una prestancia y distinción notables. Vestía el hábito con aire fino y noble y hasta es “suave en su andar”. Qué mujer tan admirable, qué elegancia manifiesta en el trato con los otros, y siempre sin perder de vista esa sencillez y serenidad que le eran características. Sobre todo, llama la atención esa constante en su definida personalidad que descubren sus testigos cuando sostienen que “mantenía siempre un encanto espiritual”, es decir, que poseía una belleza de espíritu capaz de cautivar a los que la rodean porque era transparencia de Jesucristo en todo su ser y quehacer.

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