Centenario Teresa Guasch
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Reflexiones
02/06/2017

TERESA GUASCH, MUJER DE FE


Fe es la virtud que nos hace sentir el calor del hogar
mientras cortamos la leña.
(Miguel de Cervantes)

Ciertamente, la fe, fue una virtud heroica en la Madre Teresa Guasch para resistir ante los embates de la vida, antes las dificultades, a veces enormes, que tuvo que soportar.

Sólo la fe en Dios, recibida en el bautismo, arraigada y cultivada en el seno familiar, favorecida por una sólida educación cristiana, robustecida y madurada a lo largo de su experiencia vital nos da la clave de su entrega generosa, de su dedicación en servicio de las huérfanas.

La M. Guasch fue una mujer de fe, de fe valiente, abierta y confiada en la Providencia de Dios. Tenía la profunda convicción de que Dios, amoroso con todas sus criaturas, cuidaba de ella y de su obra. Por eso siempre tenía la certeza, aun en los momentos más difíciles de su vida, de que Dios estaba con ella: “Dios lo ha dispuesto así, bendita sea su voluntad”, solía decir.

Porque se siente amada profundamente por Dios, afronta con serena confianza el terrible momento de la semana trágica de Barcelona, cuando el convento estuvo a punto de ser pasto de las llamas. Con dolor, pero aceptando en paz los designios de Dios sobre el Instituto que no puede entender, ve cómo van muriendo las jóvenes religiosas preparadas, que hubieran podido ser puntales en el desarrollo del Instituto. O cuando sin recursos, para alimentar a las pequeñas que tenía acogidas en la Casa Madre, no desesperaba ni se abatía. Se ponía en manos de la Providencia divina que de manera asombrosa, venía siempre en su ayuda. Dios es nuestro Padre y sabe lo que nos conviene, decía confiada.

Una fe, la suya, no basada en fórmulas, normas o ritos. Sino una fe viva, fruto de su gran amor a Dios y anclada en la experiencia de un Dios que es Padre, Amigo, Maestro, Pastor, Alfarero, en definitiva, Amor y Misericordia entrañable.

Sólo desde esta experiencia honda del amor de Dios en su vida pudo ser la mujer de fe, que se fió totalmente de Dios, en quien puso siempre su esperanza. Esperanza: la otra cara de la fe.

La fortaleza ante las contradicciones y dificultades para llevar adelante la obra que había emprendido con su madre, fue la consecuencia de su fe y de su esperanza. Lo mismo que la serenidad y la paz que reflejaba siempre, según testimonio de quienes la trataron. Incluso en los momentos más críticos. Sabía que su obra era de Dios y Él llevaría su empresa a buen puerto…

¡Qué gran ejemplo el de Teresa Guasch para estos días nuestros…! El que llaman tiempo ‘líquido’, inconsistente, de ausencia de verdaderos valores, de escasas convicciones, de compromisos leves, de pensamiento frágil.

Creo que la vida de Teresa Guasch es una llamada que nos tiene que resonar muy fuerte en nuestros adentros. Tenemos que crecer en fe. Determinarnos a creer en serio. Fiarnos de Dios de verdad, buscar lo esencial, hacer del Señor Jesús el verdadero ‘Absoluto’ de nuestra vida. Con él podremos ir adelante ‘contra viento y marea’. Y podremos ser ‘buena noticia’ para otras personas.

Mercedes Fernández, ctsj.

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