Centenario Teresa Guasch
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01/06/2017

Celebración Mayo – Nuestra devoción Mariana


Ambientación
Invitar a cada hermana a llevar a la oración un símbolo mariano que sea importante para cada una (imagen, canto, reliquia, rosario…). El lugar puede ser ambientado donde sea posible con dos imágenes, la de la Madre Teresa Guasch y la de María.

Motivación:
El amor a la Madre de Dios nace en el corazón de Teresa Guasch con el alborear de su mente. Por los síntomas recogidos de los años postreros de su vida, podía aparecer esta faceta mariana de su espiritualidad, como la más esplendorosa, jubilosa y llamativa, contemplada desde el exterior. No sabe, ni acierta, ni puede encerrar dentro de sí el amor que rebosa el alma hacia la Madre de su Cristo, su Señor y su Dios. Sobresale muy mucho por encima de cualquier otra devoción. (c. IX de AMC. No. X)

«Cuantas veces tenia ocasión -continúa una colegiala- nos hablaba de la Virgen María diciéndonos que era nuestra Madre de una manera más especial y que como tal teníamos que amarla e invocarla de corazón» (testimonio de una exalumna).

Con esta motivación que nos recuerda la profunda devoción que nuestra Madre Teresa Guasch profesaba a nuestra Madre María, dispongámonos para el encuentro personal y comunitario cantando:

1. Canto: Esperando con María

2. La Virgen María en Teresa Guasch y en nuestro Derecho

El rasgo característico de nuestra espiritualidad mariana lo encontramos en nuestro Derecho propio. Veamos:
«Profesamos singular devoción a María, Madre de Cristo y de la Iglesia. En el sí total que dio al Señor contemplamos el modelo de nuestra consagración. Imitar a María nos ayuda a procurar el seguimiento de Cristo en nuestro corazón y en el de las personas que nos son confiadas.

Expresamos nuestra devoción a María, honrándola diariamente en comunidad, con un acto especial, entre los que ocupará un lugar preferencial el santo rosario» (Constituciones 44).

«Era su Madre, una Madre todo amor para ella. Por eso, la corresponde con todo su amor, que la testigo califica de inmenso, fundamentada, tan gran devoción, en la maternidad de María, Teresa Guasch marcha segura y sin miedo a los brazos de esta Madre, Madre de Dios y Madre suya. A esta devoción la subrayan de filial. El amor es de hija a Madre y de Madre a hija. No hay que perder de vista la orfandad de Teresa, vacío que Dios y la Virgen se encargan de llenar.» (AMC. Pág. 405)

Teresa Guasch vive abrasada dentro de aquel fuego mariano con que prende su obra entera:
«A ella (a la Virgen) le encomendaba las huérfanas y las novicias para que las amparara y dirigiera en el camino de la santidad.» Particularmente a las huérfanas, su gran preocupación, les presenta de mil maneras, con palabras tiernísimas, a la Madre de Dios como su Madre. (AMC. Pág. 409)

Breve silencio…

3. Espacio de reflexión.
Sugerencia: Cada hermana puede acordarse de alguna experiencia, alguna persona, alguna situación en concreto que le haya marcado a lo largo de su vida y haya tenido una influencia especial en su espiritualidad mariana.

• ¿Qué lugar ocupa María en tu vivencia espiritual?
• ¿Cómo es tu relación cotidiana con ella?

Compartir con sencillez lo que hemos reflexionado y orado. (Símbolo)
A partir de los breves textos leídos podemos dejar pasar por nuestra mente y nuestro corazón la presencia maternal de María en nuestra vida personal y comunitaria.
Dedicamos unos momentos para profundizar.

Cantamos alguna antífona breve después de cada compartir.


4. Oramos juntas (después del compartir)
María, Madre mía, Madre de Jesús,
Madre nuestra, para sentirme unido a Jesús
y a todos los hombres mis hermanos,
quiero llamarte Madre nuestra.
Ven a vivir en mí, con Jesús tu Hijo amado
en el silencio y en la vigilia,
en la oración y en la ofrenda,
en la comunión con la iglesia y con la Trinidad,
en el fervor de tu magníficat, en unión con José
tu santo esposo.

En tu humilde trabajo de llevar a cabo el Testamento de Jesús.
En tu amor por Él, por la Iglesia, por la humanidad,
en tu fe inquebrantable en medio de tantas pruebas soportadas por el Reino.

En tu esperanza de construir un mundo nuevo de justicia y de paz,
de felicidad y verdadera ternura.

Continúa, Madre, obrando en mí, orando, amando, sacrificándome;
continúa haciendo la voluntad del Padre,
continúa siendo la Madre de la humanidad
continúa viviendo la pasión y la resurrección de tu Hijo Jesús
y ayúdame Madre buena, a ser un fiel discípulo.

(Cardenal VanThuan desde la cárcel)

5. Escuchamos la Palabra.
La devoción a María no debe ser motivada fundamentalmente por la esperanza de protección, los favores y gracias que ella pudiera dispensarnos, sino por un profundo agradecimiento por que a través de ella y del ángel, Dios se hizo Hombre.

Leemos los breves textos y dejamos un momento de silencio:
• Lc. 1,38: He aquí la esclava del Señor.
• Lc. 1, 43–44: Yendo presurosa a servir a su prima santa Isabel, siendo ello motivo de grande alegría.

6. Proclamamos o cantamos el Magníficat.

7. Preces
Con profunda confianza en el Señor elevamos nuestras preces, sintiendo en nuestras vidas la presencia amorosa de María y el espíritu de Teresa Guasch, velando por nosotras sus hijas para que seamos fieles y felices.

Leídas de forma participada
• Enséñanos, Madre buena, a vivir lo que decimos y predicamos y a predicar el mensaje íntegro del Evangelio.
• Enséñanos a decir y a ver siempre el lado bueno de las cosas y sobre todo de las personas, callando siempre el lado oscuro.
• Enséñanos a ir al fondo de las cosas, cuidando en segundo lugar las formas correctas e incluso bellas.
• Enséñanos a decir lo que es bueno y salva, aunque desagrade al que lo escucha.
• Enséñanos a no caer en el mutismo estéril de los que no tienen nada para decir, y saber marcar la diferencia entre el callar y guardar las cosas en el corazón como lo hacías Tú.
• Enséñanos a levantar una voz humilde y respetuosa ante los muchos errores que se vociferan.
• Enséñanos lo del evangelio que nos manda decir «si» o «no» y a tener esta norma como nuestro lenguaje habitual dentro y fuera de nuestra comunidad.
• Enséñanos a hacer el bien siempre bien, con sencillez.
• Enséñanos a orar mucho y bien.
• Y sobre todo, Madre buena, enséñanos a amar al estilo de tu hijo Jesús, el buen Maestro.

8. Oración Final (juntas)

Señor, Padre de bondad y misericordia,
que infundiste en tu sierva Teresa Guasch
un ardiente deseo de configurarse con tu Hijo,
manso y humilde de corazón; concédenos
encarnar el evangelio en nuestra vida e imitar
a tu sierva en las virtudes de sencillez, humildad,
mansedumbre y mortificación.

Dígnate glorificarla ante tu Iglesia y otórganos
las gracias que te pedimos por su intercesión,
si es tu voluntad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

9. Canto final: Santa María de la Esperanza, mantén el ritmo de nuestra espera…

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