Centenario Teresa Guasch
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10/07/2017

Celebración 15 de Junio


«MADRE E HIJA UNIDAS EN LAS VIRTUDES CARDINALES»
(Para la Celebración de vísperas del día 15 de junio 2017)

No podríamos entender a nuestras Madres Fundadoras desligadas la una de la otra: Madre e hija desde su nacimiento parece que hubiesen estado unidas por un amor sobrenatural que las acompañó a lo largo de toda su existencia, y fue precisamente en los momentos más dolorosos y difíciles donde nos mostraron la vivencia de sus virtudes.

MOTIVACIÓN
En este mes de junio donde iniciamos en muchos lugares el tiempo de vacaciones, y aprovechamos a desplazarnos, para disfrutar de nuestras familias, amigos y otros, nuestra madre Teresa Guasch, de la mano de su madre Teresa Toda, nos invitan a contemplar en sus vidas la práctica de cuatro virtudes cardinales, aunque sabemos que no es sólo mirarlas a ellas y meditar, sino tratar de hacerlas vida en cada una de nosotras, sus hijas. Como hijas, somos herederas de esta gracia, en esta sociedad donde se clama justicia, donde necesitamos fortaleza para no desanimarnos ante tantas realidades de muerte, donde la prudencia y la templanza nos han de acompañar para saber discernir lo que debemos hacer o cómo debemos actuar.

Invoquemos al Espíritu de Dios que mora y actúa en nosotras, para que nos ayude a vivir las virtudes cardinales: la Prudencia, la Justicia, la Fortaleza y la Templanza.

Canto:

EL SEÑOR OS DARÁ SU ESPÍRITU SANTO, YA NO TEMÁIS, ABRID EL CORAZÓN. DERRAMARÁ TODO SU AMOR. / (2)
Él transformará hoy vuestra vida, os dará la fuerza para amar. No perdáis vuestra esperanza, Él os salvará. Él transformará todas las penas, como a hijos os acogerá. Abrid vuestros corazones a la libertad. EL SEÑOR OS DARÁ… Fortalecerá todo cansancio si al orar dejáis que os dé su paz, brotará vuestra alabanza, Él os hablará. Os inundará de un nuevo gozo con el don de la fraternidad. Abrid vuestros corazones a la libertad.

Reflexión: Las virtudes cardinales:
Se llaman cardinales porque son el gozne o quicio (cardo, en latín) sobre el cual gira toda la vida moral de la persona; es decir, sostienen su vida moral. No se trata de habilidades o buenas costumbres en un determinado aspecto, sino que requieren de muchas otras virtudes humanas. Sobre estas virtudes Dios infundirá sus virtudes teologales y los dones del Espíritu Santo.

I. LA PRUDENCIA
Virtud infundida por Dios en el entendimiento para que sepamos escoger los medios más pertinentes y necesarios, aquí y ahora, en orden al fin último de nuestra vida, que es Dios. La prudencia se guía por la razón iluminada por la fe.
Abarca tres elementos: pensar con madurez, decidir con sabiduría y ejecutar bien.
La prudencia es necesaria para nuestro obrar personal de santificación y para nuestro obrar social y de apostolado. El don de consejo perfecciona la virtud de la prudencia.
Esta virtud la necesitan sobre todo los que tienen cargos de dirección de almas: sacerdotes, maestros, papás, catequistas, etc.

II. LA JUSTICIA Virtud infundida por Dios en la voluntad para que demos a los demás lo que les pertenece y les es debido.
Abarca mis relaciones con Dios, con el prójimo y con la sociedad.
La justicia es necesaria para poner orden, paz, bienestar y veracidad en todo.
Los medios para perfeccionar la justicia son: respetar el derecho de propiedad en lo que concierne a los bienes temporales y respetar la fama y la honra del prójimo.

III. LA FORTALEZA

Es la virtud que da fuerza al alma para correr tras el bien difícil, sin detenerse por miedo, ni siquiera por el temor de la muerte. También modera la audacia para que no desemboque en temeridad.
El secreto de nuestra fortaleza se halla en la desconfianza de nosotros mismos y en la confianza absoluta en Dios. Virtudes compañeras de la fortaleza: magnanimidad, magnificencia, paciencia, longanimidad, perseverancia y constancia.

IV. LA TEMPLANZA
Virtud que modera la inclinación a los placeres sensibles de la comida, bebida, tacto, conteniéndola dentro de los límites de la razón iluminada por la fe.
Virtudes compañeras de la templanza: humildad, que modera mi apetito de excelencia y me pone en mi lugar justo; mansedumbre, que modera mi apetito de ira.

Nuestras Madres Fundadoras vivieron estas virtudes de modo heroico y así ha sido reconocido oficialmente por la Iglesia en 2004 ( Madre Teresa Guasch) y en 2013 (Madre Teresa Toda).

SALMODIA
SALMO 71 (Justicia y prudencia)
Oh Dios, da tus juicios al rey, Y tu justicia al hijo del rey.
2 El juzgará a tu pueblo con justicia, Y a tus afligidos con juicio.
3 Los montes llevarán paz al pueblo, Y los collados justicia.
4 Juzgará a los afligidos del pueblo, Salvará a los hijos del menesteroso, Y aplastará al opresor.
5 Te temerán mientras duren el sol Y la luna, de generación en generación.
6 Descenderá como la lluvia sobre la hierba cortada; Como el rocío que destila sobre la tierra.
7 Florecerá en sus días justicia, Y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna.
8 Dominará de mar a mar, Y desde el río hasta los confines de la tierra.
9 Ante él se postrarán los moradores del desierto, Y sus enemigos lamerán el polvo.
10 Los reyes de Tarsis y de las costas traerán presentes; Los reyes de Sabá y de Seba ofrecerán dones.
11 Todos los reyes se postrarán delante de él; Todas las naciones le servirán.
12 Porque él librará al menesteroso que clamare, Y al afligido que no tuviere quien le socorra.
13 Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, Y salvará la vida de los pobres.
14 De engaño y de violencia redimirá sus almas, Y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos.
15 Vivirá, y se le dará del oro de Sabá, Y se orará por él continuamente; Todo el día se le bendecirá.
16 Será echado un puñado de grano en la tierra,
en las cumbres de los montes; Su fruto hará ruido como el Líbano, Y los de la ciudad florecerán como la hierba de la tierra.
17 Será su nombre para siempre, Se perpetuará su nombre mientras dure el sol. Benditas serán en él todas las naciones; Lo llamarán bienaventurado.
18 Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel, El único que hace maravillas.
19 Bendito su nombre glorioso para siempre, Y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén.

SALMO 45 (Fortaleza)
Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
2 Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar;
3 Aunque bramen y se turben sus aguas, Y tiemblen los montes a causa de su braveza.
4 Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios, El santuario de las moradas del Altísimo.
5 Dios está en medio de ella; no será conmovida. Dios la ayudará al clarear la mañana.
6 Bramaron las naciones, titubearon los reinos; Dio él su voz, se derritió la tierra.
7 Jehová de los ejércitos está con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob.
8 Venid, ved las obras de Jehová, Que ha puesto asolamientos en la tierra.
9 Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra. Que quiebra el arco, corta la lanza, Y quema los carros en el fuego.
10 Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra.
11 Jehová de los ejércitos está con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob.

SALMO 130 (Sencillez y humildad)

Señor, mi corazón no es ambicioso ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos
como un niño en brazos de su madre.
Espero en el Señor ahora y por siempre.
Nos dejamos iluminar también por la Palabra: Gal 5, 22-23; Filp. 4, 8-9; Mt 6, 33
(Después de cada texto hacemos silencio, luego cantamos un estribillo)


Tu reino es vida, tu reino es verdad;
tu reino es justicia, tu reino es paz;
tu reino es gracia, tu reino es amor:
venga a nosotros tu reino, Señor;
venga a nosotros tu reino, Señor.

Compartimos lo que el Espíritu ha suscitado en nuestros corazones. Después de cada intervención cantamos el estribillo:
Tu fidelidad es grande,
tu fidelidad incomparable es
nadie como tu bendito Dios
grande es tu fidelidad.

Terminamos con la oración que nos hace hijas y hermanas entre nosotras y con los demás, sin olvidar a nuestra primera y única Madre, la Virgen María, y pidiendo la intercesión de nuestra Madre Teresa Guasch, para que el Señor nos conceda también la gracias de vivir las virtudes que hemos reflexionado y orado.

Padre nuestro…

Ave María

Se puede terminar con el canto del Magníficat u otro de la Virgen.

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